miércoles, 5 de julio de 2017

"Hölderlin y la esencia de la poesía" de Martin Heidegger

En el delicioso escrito de Martin Heidegger titulado “Hölderlin y la esencia de la poesía”,
se plantea abordar la poesía de este poeta alemán porque es esencial, pero no en el sentido de que participe de alguna cualidad común y de igual valor para todos los poetas. Aborda a Hölderlin porque éste poetiza lo poético en sí, es decir, su poesía se ocupa de lo propiamente poético. “Hölderlin es en sentido eminente el poeta del poeta”. Así, siguiéndole, vemos que la poesía es un juego en el sentido de que no hay una elaboración o transformación material y técnica de cosas, sino que hay un ocuparse sin finalidad pero creativo, dentro del ámbito del lenguaje. Por esta relación entre ámbito de lo poético y lenguaje, hemos de centrar la mirada en el lenguaje para hallar lo esencial de la poesía. Respecto al lenguaje, Heidegger señala que es lo propio del hombre, el cual debe dar fe de lo que él mismo es. El hombre tiene como tarea fundamentalmente dar testimonio de si. Este si mismo se realiza en la pertenencia a la tierra, como heredero y aprendiz de todas las cosas. El hombre testimonia su pertenencia a lo ente en su totalidad en esa unificación sin límite que es lo histórico, pero para que lo temporal-histórico sea posible, el hombre usa el lenguaje. El lenguaje es, así, el lugar de la unificación histórica de lo ente, es decir, de las cosas, que el hombre liga con la palabra. Pero este juego lingüístico con el mundo (lo ente) tiene una doble vertiente: es “la más inocente de todas las ocupaciones” y, al mismo tiempo, la más peligrosa, según encuentra Heidegger expresado en unos versos de Hölderlin. En el lenguaje puede perderse el ser debido a una preponderancia e imposición excesiva de lo ente. Recordemos aquí que Heidegger basa gran parte de sus análisis en la denominada “diferencia ontológica”, que es la que se da entre el ser y el ente. El ente son las cosas, las ideas, los valores, que son manejados tangiblemente por el hombre dando por hecho que son lo último y que el ser se detiene en ellos. En cada cosa, por tanto, habría un reflejo del ser, pues participaría de él en cuanto que existe, pero se daría también un olvido del ser, en cuanto que éste ha sido cristalizado o esclerotizado en el ente, ajustado a unos cánones y hecho utensilio o cosa representable. Lo que viene a decir con esto Heidegger es que el lenguaje nos puede hacer caer en esta ilusión de confundir ser y ente, que para el filósofo alemán es el mayor peligro, el peligro en el que ha caído toda la metafísica que en realidad no trata del ser, sino del ente (entificación del ser), por lo que es en realidad ontología. Esta “metafísica” ontológica está implícita en el lenguaje y en el trato con el mismo, de manera que puede imponerse y contribuir al peor de los peligros, que es olvidar el ser desbordante que “parcialmente” contienen y muestran los entes. Porque el ente es una forma del ser, en la que éste está pero también se oculta y se hace también presente justo como ausencia. El lenguaje es peligroso por lo burdo de su operar cuando consiste en hacer común aquello de que habla (abstraer, generalizar, substancializar), “Pues, en efecto, para poder ser entendida y llegar a ser propiedad común a todos, la palabra esencial debe incluso tornarse vulgar y corriente”. El lenguaje traiciona a lo esencial en la medida en que debe tornarse apariencia, copia y repetición. Lo que hay en las lenguas de reglamentación, corsés gramaticales, convenciones, etc., es lo que contribuye a que las palabras vayan perdiendo su brillo y que haya que luchar contra un constante desgaste de las mismas y de las metáforas si uno quiere mirar hacia lo que insinúan. Pero al mismo tiempo, el hombre no dispone de otro ámbito que el del lenguaje para hacerse con el ser. En la medida en que sea algo más que una herramienta, podrá constituirse en lugar para que el hombre se conozca, por ejemplo. En el lenguaje se da, como dijimos antes, la posibilidad de lo histórico, de desenvolverse como historia. Es decir, el lenguaje es el carril, diríamos, por donde circula la temporalidad del hombre; existe porque existe el tiempo. El ser tiene que ser escuchado en el lenguaje porque en la temporalidad del hablar se da un constante y simultáneo ocultamiento y desocultamiento, de manera que en el trasiego de presencias o baile de los entes, se va insinuando lo que está detrás de ellas inaccesible, es decir, el propio ser. El ser no es nunca un ente, por lo que no puede ser apresado como el lenguaje apresa las cosas si actúa de herramienta. Pero en el mismo discurrir de las lenguas, del habla y de la escucha, sí late el ser, justo en lo inocente del juego, cuando las palabras se inhiben de su función denotativa, cuando el lenguaje no pretende reflejar la realidad, copiarla o aprehenderla. De esta manera, no descriptiva, puede el lenguaje fundamentar al hombre, relacionarlo con el ser como fundamento de su existir. Por el lenguaje, el hombre se realiza, poéticamente, o sea, creativamente. En el lenguaje en cuanto poesía, en cuanto actividad poética (no como adorno, entretenimiento o enardecimiento), el hombre accede al fondo de lo histórico, a lo que hay detrás de que seamos históricos, lo que nos llega con el tiempo. Es como si hubiera en el poetizar ese ir y venir, ese ocultar – desocultar que se da en el tiempo, que constituye lo histórico y en lo que se nos va revelando y mostrando el ser. El ser en cuanto inaprensible, como algo que debe dilatarse temporalmente, que cuando se presenta se oculta, en un movimiento dado en el lenguaje. Según esto, lo poético subyace al lenguaje en realidad, es este flujo el que, cuando cristaliza, posibilita el lenguaje y su uso instrumental, en el colmo del ocultamiento y la banalización (lo “peligroso” de este juego, como dijimos). Pero la poesía da la clave de lo que es el lenguaje. Lo poético (poiesis). Todo lo que nos parece infundamentado en la poesía es justo lo contrario, extrema solidez y fundamentación. Heidegger compara este acto de fundación que realiza el poeta con la captación por parte de éste de los signos de los dioses, para nombrarlos y pasarlos a su pueblo. El poeta sería un intérprete de lo indecible, como si intentara asir rayos de luz procedentes del cielo en la oscuridad de la noche. Ese asir los rayos es, propiamente, poetizar, como tarea dificultosa y, como hemos apuntado, llena de peligros. Porque lo que el poeta intenta es mediar entre los dioses y el pueblo, estando entre ellos. Se sitúa, por tanto, en un cierto ámbito exterior al pueblo, excluido, en un entre. Pero ese lugar es donde se decide y vislumbra lo que, en el fondo, somos, lo que es el hombre. Bellamente lo expresa el propio Hölderlin en unos versos citados por Heidegger: “[…] y ¿para qué poetas en tiempos de penuria?/ Pero ellos son, me dices, como los sagrados sacerdotes del dios del vino/ que de tierra en tierra peregrinaban en la noche sagrada”.

jueves, 14 de abril de 2016

SOCRATES O EL CAMINO DE LA CICUTA

La Apología de Sócrates es una obra escrita por Platón que consta de un diálogo que hace Sócrates en el juicio al que es llevado acusado de no creer en ningún dios, de convertir el argumento más débil en el más fuerte, de ser un orador habilidoso y de corromper a la juventud. Sócrates comienza su defensa dirigiéndose al jurado y a todos los atenienses, asegurando ignorar la impresión, que lo dicho por sus acusadores, haya dejado en lo presentes y pidió que le fuera permitido demostrar que nada de lo dicho se ajustaba a la realidad. Sócrates dejó en claro que no utilizaría palabras rebuscadas, ni hermosos discursos para lograr convencerlos de que lo absolvieran, defendiendo ante todo la verdad y la justicia. La primera acusación que, Sócrates, se detiene a analizar es la del orador habilidoso, asegurando que si para sus acusadores ser una orador que se atiene a la verdad es ser un orador habilidoso, entonces él no tendría reparo en aceptar que era un orador pero nunca en el sentido en que sus propios acusadores lo son. Tras haber dejado claro la forma en la que se defendería, Sócrates continuó recordando las primeras acusaciones de las que víctima, acusaciones que construyeron la mala fama que él tenía ante muchos de los presentes, quienes habían escuchado aquellos rumores cuando eran solo unos niños o adolescentes, edades en las que el ser humano es más manipulable. Sócrates prosiguió clasificando a sus acusadores en los antiguos y los recientes, y pidió que se le permitiera empezar por desmentir las acusaciones hechas por los más antiguos, y fue así como empezó su defensa de la acusación que aseguraba que el era capaz de convertir el argumento más débil en uno muy fuerte, y dijo no saber ni poco ni nada sobre aquellos asuntos y reto a la audiencia a averiguar sobre aquello de lo que él hablaba y presentar resultados de sus investigaciones para así comprobar que él estaba diciendo la verdad. Sócrates siguió adelante con su monólogo asegurando que él no era como los sofistas, que él no andaba deambulando por las calles con la intención de educar a las personas ni de cobrar por compartir sus conocimientos y que si bien, encontraba hermoso que hubiera quien dedicara su vida a enseñar y fascinar a los pobladores de todas la ciudades por las que pasaban, pero él no era uno de ellos, el no pedía dinero ni agradecimiento de nadie. Sócrates continuó asegurando que la especia sabiduría que poseía era lo que lo había llevado a ser objeto de un sin fin de acusaciones tan alejadas de la realidad, pero que su sabiduría era completamente humana. Comenzó a relatar la historia, en la cual, su amigo Querefonte se presentó ante el Oráculo de Delfos y le cuestiono si había otro hombre en el mundo más sabio que Sócrates y el Oráculo respondió que no, no había alguien más sabio que él, al enterarse de aquello, Sócrates se dio a la tarea de descubrir aquello que el dios quería decir con eso y comenzó por acercarse a todas aquellas personas que eran considerados por los demás, y por ellos mismos, sabios, los primeros fueron los políticos, ahí, Sócrates descubrió, que los que decían ser sabios y eran reconocidos como tal, no lo eran realmente, que presumían de algo que no eran y por hacérselos saber se ganó la enemistad de muchos. Al terminar con los políticos, fue a donde los poetas, y después con los artesanos, con ambos la historia se repitió, al igual que los políticos, los poetas y los artesanos presumían ser más sabios de lo que realmente eran, creían que por conocer y saber hacer bien su oficio, creían que sabían todo, en todos los asuntos, algo que a Sócrates le parecía petulante y obscurecía todo conocimiento que pudiesen poseer. Tras aquella investigación, Sócrates se ganó un sin fin de enemigos, pero descubrió que el dios decía la verdad, que él era más sabio que todos ellos porque era capaz de reconocer que la verdad era que él no sabía nada. Dejando claro lo anterior, Sócrates paso a defenderse de la acusación realizada por Meletos, quien aseguraba que Sócrates corrompía a la juventud por no reconocer a los dioses de la ciudad, y para hacerlo, Sócrates solicitó que el propio Meletos, quien siempre se había negado a dialogar con él, contestara algunas preguntas, las respuestas dadas por Meletos llevaron a Sócrates a concluir que no era él quien corrompía a los jóvenes y que en caso de hacerlo los hacía de manera involuntaria, por lo que pudo comprobar que Meletos estaba equivocado o mentía en ese aspecto. Con respecto a que no creía en los dioses de la ciudad, Sócrates comprobó que creer en genios y divinidades era creer en los dioses. Sócrates fue declarado culpable y aseguró que no tenía miedo a la muerte, que de hecho, prefería morir que vivir sin poder hacer aquello para lo que los dioses le habían puesto ahí; Sócrates defendió hasta el último momento que era un hombre justo y que prefería pagar el peor de los castigos antes de ser infiel a sus pensamientos.

jueves, 10 de julio de 2014

FRAGMENTOS DE UN DISCURSO AMOROSO...O QUE ES EL AMOR?

Fragmentos de un discurso amoroso es un libro sobre el amor. Sobre la trivialidad y a la vez sobre la radicalidad del amor. En palabras de Roland Barthes, este libro se vuelve necesario porque “el discurso amoroso es hoy de una extrema soledad. Es un discurso tal vez hablado por miles de personas (¿quién lo sabe?)pero al que nadie sostiene; está completamente abandonado por los lenguajes circundantes: o ignorado, o despreciado o escarnecido por ellos”. Asfixiado detrás del erotismo, la sexualidad, la pornografía, la publicidad, el cuidado del cuerpo y el consumo mediático. La decisión de Barthes de ocuparse del amor adquiere, en este contexto, un carácter subversivo. Publicado originalmente en 1977, es el libro más ambicioso de la última época de Barthes. ¿Pero cuál es su ambición? Darle escritura a la crítica, convertir la teoría en la gran novela del siglo XX. Un delicado relato de aprendizaje (o mejor dicho: del aprendizaje corno algo imposible) sobre el deseo, el amor, la soledad, los celos y la respiración agitada. Un libro sobre las posibilidades de la crítica literaria de pensar el mundo, que para Barthes es, ante todo, discurso: “Dis-cursus es, originariamente, la acción de correr aquí y allá; son las idas y venidas, andanzas, intrigas. En su cabeza, el enamorado no cesa en efecto de correr, de emprender nuevas andanzas y de intrigar contra sí mismo”. Erudito y a la vez claro, transparente y complejo (como el propio amor), Fragmentos de un discurso amoroso es un exquisito ejercicio de semiología salvaje. Un muestrario de los lugares comunes sobre el amor y, al mismo tiempo, una formidable demolición de esos mismos lugares comuneS, de esa Mitologia misma que es el amor. Construido como un vocabulario, es un tratado, no sobre el amor, sino sobre sus palabras.Sobre la locura de la sintaxis y el enamoramiento del sentido... y del sinsentido que subayace en la palabra y en la accion del enamorado. Fragmentos de un discurso amoroso se publicó en Francia en 1977 y se convirtió rápida e inesperadamente en best-seller. Fue adaptado para teatro en las más importantes ciudades de Occidente (incluso en Buenos Aires) y es hoy uno de los grandes libros de culto de la literatura francesa del siglo XX. La primera edición, de 15 mil ejemplares, se agotó en dos semanas, y a finales de ese mismo año, las copias vendidas llegaron a los 80 mil ejemplares. El libro fue un éxito desde su aparición y despertó el máximo interés en la prensa masiva... aca los invitamos a leerlo y a revisar su edicion gratuita en PDF que esta en internet o por estos medios del Cyberespacio.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Adam Smith o el Inicio del Consumismo Pleno

La publicación del libro "Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones" de Adam Smith en 1776, es considerado el origen de la Economía como ciencia. Los clásicos escribieron en una época en la que la industria estaba conociendo un desarrollo sin precedentes. Su preocupación principal fue el crecimiento económico y temas relacionados como la distribución, el valor, el comercio internacional, etc. Uno de sus objetivos principales fue la denuncia de las ideas mercantilistas restrictivas de la libre competencia que estaban aún muy extendidas en su época. Para Adam Smith, el Estado debía abstenerse de intervenir en la economía ya que si los hombres actuaban libremente en la búsqueda de su propio interés, había una mano invisible que convertía sus esfuerzos en beneficios para todos. Nació en Kirkcaldy, Escocia. Su padre, inspector de aduanas, murió poco antes de su nacimiento. A los 14 años ingresa en la Universidad de Glasgow donde se convierte en discípulo del profesor de filosofía moral F. Hutchison. Después ingresa en la Universidad de Oxford donde permanece seis años. En 1748 ocupa un puesto de profesor de literatura en la Universidad de Edimburgo y en 1751 pasa a la de Glasgow donde substituye a Hutchison en la cátedra de Filosofía Moral. Adam Smith estaba inicialmente interesado en la ética. En el libro "Teoría de los Sentimientos Morales" se encuentra la base de su filosofía liberal y su definición del orden natural de la sociedad. Consigue el puesto de preceptor del hijo del duque de Buccleugh con el que inicia en 1763 un viaje de más de dos años por el continente europeo que le permite conocer a F. Quesnay y R.J. Turgot. En 1768 consigue el empleo de Comisario de Aduanas (como había sido su padre) en Edimburgo, puesto que ocupará el resto de su vida y que no pareció estar en contradicción con su espíritu librecambista. Es precisamente en esta época, ya alejado de la vida académica, cuando escribe "La Riqueza de las Naciones". En su obra se detecta la influencia de su amigo personal Hume y de R. Cantillon.

martes, 8 de enero de 2013

DIOS HA MUERTO - NIETZSCHE ( Historia de una Tragedia )

«Dios ha muerto» no quiere decir literalmente que «Dios está efectivamente muerto»; es la manera de Nietzsche de decir que la idea de Dios no es capaz de actuar como fuente del código moral o teleológico (teleología). Nietzsche reconoce la crisis que la muerte de Dios representa para las consideraciones morales existentes, porque «cuando uno desecha la fe cristiana, se olvida de la moralidad cristiana.
Esta moralidad de ninguna manera es evidente en sí misma. Rompiendo un concepto principal del cristianismo, la fe en Dios, uno rompe el esquema: nada necesario se mantiene en las manos de uno».Esta es la razón por la cual en «El loco», el loco se dirige a los ateos — el problema es conservar cualquier sistema de valores en ausencia de un orden divino. La muerte de Dios es la forma de decir que los humanos ya no son capaces de creer en cualquier orden cósmico desde que ellos mismos no lo reconocen. La muerte de Dios conducirá, dice Nietzsche, no sólo al rechazo de la creencia en un orden cósmico o físico, sino también al rechazo de los valores absolutos — al rechazo de la creencia en una objetividad y una ley moral universal, que se ejerce sobre todos los individuos. De esta manera, la pérdida de una base absoluta de moralidad conduce al antinihilismo. Este antinihilismo es el que trabajó Nietzsche para encontrar una solución a la reevaluación de los fundamentos de los valores humanos. Esto significa, para Nietzsche, la búsqueda de los fundamentos más profundos que los valores cristianos, más allá de los cuales él sentía que la mayoría de los cristianos rechazaba mirar. Dicho hombre, frenético o loco, cierta mañana se deja conducir al mercado. Provisto con una linterna en sus manos no dejaba de gritar: «¡Busco a Dios!» Allí había muchos ateos y no dejaron de reírse. Los descreídos, mirándose con sorna entre sí, se decían: «¿Se ha perdido?» «¿Se ha extraviado?». Y agregaban: «Se habrá ocultado». «O tendrá miedo». «Acaso se habrá embarcado o emigrado». Y las carcajadas seguían. El loco no gustó de esas burlas y, precipitándose entre ellos, les espetó: «¿Qué ha sido de Dios?» Fulminándolos con la mirada agregó: «Os lo voy a decir. Lo hemos matado. Vosotros y yo lo hemos matado. Hemos dejado esta tierra sin su sol, sin su orden, sin quién pueda conducirla... ¿Hemos vaciado el mar? Vagamos como a través de una nada infinita». Y en tono interrogativo y con énfasis prosiguió afirmando que nos roza el soplo del vacío, que la noche se hace más noche y más profunda, y que se torna indispensable encender linternas en pleno día. Manifestó que se oye a los sepultureros enterrando a Dios, agregando que tal vez tengamos que oler el desagradable tufo de la putrefacción divina, pues, naturalmente, los dioses también se pudren. Y siguió diciendo que lo más sagrado y lo más profundo se ha desangrado bajo nuestro cuchillo, preguntando, al mismo tiempo, si se podría encontrar un agua capaz de limpiar la sangre del cuchillo asesino. E inmediatamente puso en duda que la grandeza de este acto fuera propiamente humana. Y entendía que toda la posteridad se agigantaba con la magnificencia de este acto. Se puso colérico y echó al suelo su linterna y creyó reconocer que se había metido muy precozmente entre los hombres. Intuía que los oídos humanos no estaban todavía preparados para escuchar tales verdades. Porque el rayo, el trueno, la luz de los astros, y los actos heroicos de los hombres requieren su tiempo para arribar. Y este último acto mencionado se encuentra más lejos que los actos más lejanos. Los hombres nada saben de ellos y son ellos los que han cometido el acto. Dicen que el loco ese día penetró en varias iglesias y entonó un requiem aeternam deo. Y cuando era arrojado esgrimía reiteradamente su argumento: «¿Qué son estas iglesias, sino tumbas y monumentos fúnebres de Dios?». Cabe preguntarse si el vacío dejado por la muerte de Dios no debe ser llenado de alguna manera. Y entonces, el ideal del hombre superior, del Übermensch (superhombre o suprahombre), con sus propios valores establecidos, que implican una reconversión de la valoración cultural de Occidente, no es el elemento que ha de llenar este vacío. Tal es el endiosamiento del hombre, de «el último hombre», el que ya no va a reconocer ningún poder por encima de él mismo.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Epicuro de Samos (- 341 a - 271)

Epicuro de Samos (- 341 a - 271) Epicuro nació en la isla de Samos, a pesar de lo cual fue un ciudadano ateniense, pues su padre, Neocles, había sido uno de los colonos que, partiendo de Atenas, había marchado a Samos dotado con un lote de tierras. El padre de Epicuro fue maestro, por lo que es probable que éste comenzase a interesarse pronto por las cuestiones intelectuales. Al parecer a los 14 años ya había comenzado a estudiar filosofía y se había hecho discípulo del filósofo platónico Pánfilo. Es posible que a partir de este encuentro Epicuro adopte su postura anti-idealista contra la concepción platónica y sus postulados básicos (la existencia de dos mundos, sensible e inteligible, la existencia de un alma inmortal, etc.). Cuatro años más tarde le encontramos en Atenas realizando el servicio militar. Podemos suponer que durante esa primera visita a la capital de la filosofía Epicuro se impregnó del ambiente cultural, pero no tenemos información al respecto de su primer viaje a Atenas. Cuando quiso volver a su hogar su familia había tenido que trasladarse desde Samos a Colofón, pues los propietarios originales de las tierras que habían sido cedidas a colonos como Neocles habían vuelto, gracias a una amnistía política. En Colofón tuvo Epicuro como maestro a Nausífanes, un filósofo atomista que probablemente ejerció una gran influencia en Epicuro, a pesar de que éste criticó duramente a su maestro y nunca quiso reconocerse como su discípulo, llegando a afirmar que había sido un "autodidacta". Tras los diez años de estancia en Colofón, Epicuro se instala en Mitilene, y posteriormente en Lampsaco, donde abre su primera escuela filosófica. Sin embargo, será en el año 306 cuando Epicuro vuelva a Atenas y se instale definitivamente. Allí comprará una casa y un pequeño terreno para su escuela, que ha sido tradicionalmente denominada "El jardín", aunque probablemente se tratase de un simple huerto, retirado del bullicio de la ciudad, donde tanto Epicuro como sus más allegados discípulos y amigos podían dedicarse a la reflexión y a la conversación sin ser molestados. Esta escuela ofrecía un modelo alternativo a la Academia que había fundado Platón y al Liceo de Aristóteles, en las cuales el tipo de educación era de un alto nivel científico pero no conllevaba necesariamente una actitud moral ante la vida, rasgo predominante de la filosofía epicúrea, así como de prácticamente todas las escuelas helenísticas (estoicos, cínicos, etc.). El jardín se apartaba también de otras escuelas al admitir a mujeres y a esclavos entre los alumnos, algo poco corriente en la época, que dio lugar a críticas y comentarios despectivos que daban por supuesto que la escuela de Epicuro, malinterpretando además sus ideas sobre el placer y su hedonismo, era un lugar para el desenfreno en banquetes y lujos cuando lo cierto es que la vida de Epicuro fue sencilla, humilde y tranquila, siendo su ejemplo para sus discípulos su mayor creación.

miércoles, 4 de julio de 2012

¿La Etica Marxista es Posible?

Ética Marxista – Introducción La ética marxista procede de la teología, la filosofía, la biología, la economía, y la historia marxista. Mientras que los humanistas seculares tienen problemas para llegar a un consenso con respecto a sus creencias éticas, los marxistas no—principalmente debido a su determinado enfoque hacia todas las cinco disciplinas referidas al principio. Este enfoque está arraigado en el materialismo dialéctico y la lucha de clases. Aunque no existe ninguna base absoluta para los ideales éticos marxistas, la mayoría de los marxistas creen que la visión dialéctica de la lucha de Según la dialéctica marxista, todo en el universo—inclusive la sociedad—está en un estado de cambio constante. Estos cambios están haciendo ascender a la sociedad hacia la eliminación de todas las diferencias de clase, sociales y económicas. El próximo avance social en la historia será el cambio del capitalismo al socialismo, el cual inevitablemente ocasionará cambios en los ideales morales de la sociedad. La visión dialéctica de la historia dicta el choque de la tesis y la antítesis—en este contexto histórico, el choque implacable entre el proletariado y la burguesía. Los marxista-leninistas creen que la moral de estas dos clases es totalmente diferente, y cuando el proletariado finalmente destruya a la burguesía, reinará una nueva moral—una nueva moral para el nuevo sistema social. Los marxistas creen que la "vieja moral" —la moral de la clase capitalista reinante—explota a la clase obrera. Según esta visión, los viejos códigos morales religiosos deben ser abandonados. Para Carlos Marx y Frederick Engels "No robarás" establece una sociedad en la que algunos tienen propiedades y otros no. Tal establecimiento es la raíz del problema. "Debe tenerse en cuenta constantemente," dice Howard Selsam, "que Marx y Engels negaron que los ideales morales, las consideraciones morales, sean fundamentales en la vida humana y la evolución social."1 En cambio, es la evolución biológica y social lo que determina la moral. Lo que es correcto o incorrecto es determinado por lo que es mejor para esta evolución. Si la clase burguesa dificulta la evolución biológica o social, la naturaleza dicta la eliminación de esa clase. La inevitabilidad del cambio es la piedra angular de la ética marxista. Marx escribe en el Manifiesto del Partido Comunista: "¿Se requiere una intuición aguda para comprender que las ideas, las visiones y las concepciones del hombre, en una palabra, la conciencia del hombre, cambia con cada cambio de las condiciones de su existencia material, de sus relaciones sociales y de su vida social?"2 Según la definición de Marx, nuestro estatus social y económico está siempre cambiando, de acuerdo a las leyes de la dialéctica, así que nuestras ideas acerca de la moral también deben estar en un estado de cambio continuo. V.I. Lenin contesta la acusación de que la inevitabilidad del cambio tanto en la historia como en la ética impide la existencia de un código moral en la filosofía marxista: "¿Existe eso que llaman moralidad comunista?" Por supuesto que existe. A menudo se sugiere que no tenemos ética propia. Muy a menudo, la burguesía nos acusa a nosotros, los comunistas, de rechazar toda moralidad. Esto es un método para confundir el asunto, para echar tierra en los ojos de los trabajadores y campesinos. ¿En qué sentido rechazamos nosotros la ética, la moralidad? En el sentido que le adjudica la burguesía, quienes basan la ética en los mandamientos de Dios. En este punto nosotros, por supuesto, decimos que no creemos en Dios, y que sabemos perfectamente bien que el clero, los hacendados y la burguesía, invocan el nombre de Dios para promover sus propios intereses como explotadores."3 En la visión de Lenin, la moralidad comunista tuvo que evolucionar más allá de esa moralidad del caduco mito cristiano, utilizado por la clase explotadora para suprimir a la clase explotada. Sin embargo, cuando todas las diferencias de clases sean borradas, la visión de la moral marxista necesariamente tendrá que cambiar de nuevo, porque promover una lucha de clases ya no será la necesidad moral inmediata. Decimos "inmediata," porque la dialéctica es un proceso eterno que conlleva una lucha continua de tesis/antítesis. La naturaleza siempre cambiante de la historia dictará una nueva visión moral para los marxistas. Cuando los marxistas dicen que no existe ningún sistema de moralidad que encaje con todos los tiempos, incluyen el futuro en su filosofía, reconociendo que la historia cambiará de nuevo nuestras percepciones de la vida después de que sean alcanzados nuestros objetivos presentes. Algo puede ser moralmente correcto sólo en su contexto en la historia. Hoy, la acción moralmente correcta es la necesaria para alcanzar la victoria del proletariado sobre la burguesía. La nueva sociedad sin clases determinará la nueva moral, así como esta evolución hacia una sociedad sin clases dicta la moral de hoy. Para los marxistas, la moral es la conducta que armoniza con la historia a medida que fluye hacia una sociedad sin clases y más allá.
En la búsqueda de la moralidad marxista, la revolución es el medio más eficiente para crear una sociedad sin distinciones de clases. De acuerdo con los marxistas, la revolución es inevitable y es la única manera de derrocar a la burguesía y elevar al proletariado. Los comunistas creen que su revolución es indudablemente moral. Andreyev dice: "Desde el punto de vista de la moral comunista, la lucha contra todo lo que dificulte la causa de la construcción comunista es moral y humano, y por esta razón consideramos que la lucha en contra de los enemigos del comunismo es de una naturaleza moral."4 Esta lucha de clases no es pacífica, así como la lucha para la supervivencia en la naturaleza no es pacífica. De acuerdo con los marxistas, los críticos de la eliminación de la burguesía por razones evolucionistas sociales, omiten recordar el costo en muerte y sufrimiento causado por la evolución biológica. La naturaleza acumula lo bueno y se deshace de lo malo. El más apto debe sobrevivir biológica y socialmente. El no apto, junto con sus instituciones sociales, debe perecer. Marx afirma: "Los comunistas desdeñan ocultar sus visiones y objetivos. Declaran abiertamente que sus fines pueden ser alcanzados sólo mediante el derrocamiento forzoso de todas las condiciones sociales existentes."5 Perciben este derrocamiento forzoso como moralmente correcto. Es correcto porque destruye los obstáculos para una sociedad comunista. Moralmente hablando, los comunistas tienen un deber ético de trabajar para el derrocamiento forzoso del capitalismo. La obligación de trabajar para el derrocamiento de la burguesía puede muy bien incluir el deber de matar. Khrushchev explica: "Nuestra causa es sagrada. Aquél al que le tiemble la mano, que se detenga a medio camino, cuyas rodillas tiemblen antes de destruir a decenas y a cientos de enemigos, pondrá en peligro la revolución. Quienquiera que salve unas cuantas vidas de enemigos, pagará por ello con centenares y miles de vidas de los mejores hijos de nuestros padres.6 Los comunistas no pueden saber si sus acciones revolucionarias son las correctas para alcanzar los objetivos marxistas. Según Lenin, cometerán errores, pero la causa vale el riesgo: "Incluso si por cada cien cosas correctas cometiéramos 10.000 errores, nuestra revolución todavía sería—y lo será en el juicio de la historia—grande e invencible. . . ."7 Stalin adoptó la filosofía de Lenin, afirmando: "Para decirlo resumidamente: la dictadura del proletariado es el dominio del proletariado sobre la burguesía, sin restricciones de la ley, basado en la violencia, y contando con la simpatía y el apoyo de las masas trabajadoras y explotadas."8 Consecuente con su retórica, Stalin anunció el 27 de diciembre de 1929, "la aniquilación de los kulaks como clase."9 El periodista inglés, D.G. Stewart-Smith estima que el comunismo internacional es responsable de 83 millones de muertes entre 1917 y 1964. Desde una perspectiva marxista-leninista, si 83 millones de personas murieron para abolir las clases sociales y la propiedad privada, valió el precio—fue hasta moralmente justo. Los marxistas juzgan los resultados, no los métodos. Stalin, por lo tanto, actuó siempre dentro del código de ética marxista-leninista. Utilizó medios que asumió servirían para alcanzar sus fines—la destrucción de la clase enemiga—y de ser alcanzados esos fines alguna vez, los marxistas tendrían que aplaudir a Stalin como un marxista con el concepto apropiado de la moral. Pero Stalin no era el único con su moralidad. Lenin también defendió la eliminación de los kulaks como clase, insistiendo que ellos no eran "seres humanos"10 y que fue necesario recurrir al "terror económico."11 Ética Marxista – Conclusión Muchas incertidumbres rodean a la ética marxista. Aunque virtualmente todos los marxistas concuerdan con la base materialista dialéctica para la moral y la inevitabilidad de la evolución de los preceptos morales, no pueden predecir cómo sería la ética de una sociedad sin clases. Los marxistas etiquetan de "inmoral" a la ética cristiana, porque mantiene teóricamente el dominio de la burguesía sobre el proletariado. Pero los marxistas no pueden concebir un esquema moral diferente a la vaga idea de la "creación de un nuevo hombre moral." Una ideología ética que incluya la inevitabilidad del cambio y la evolución de los valores morales pone en libertad a los marxistas para abandonar los estándares morales generalmente aceptados, en la búsqueda de un bienestar mayor—la creación de una sociedad comunista sin clase. Esta búsqueda requiere que los marxistas se dediquen a la causa y utilicen cualquier acción que crean que producirá una sociedad sin clases. Cualquier línea de acción, entonces, sin importar lo inmoral que le parezca a un mundo que cree en un estándar moral absoluto o universal, es moralmente buena, dentro de la cosmovisión marxista-leninista. Notas: Presentado con autorización del libro: Understanding the Times: The Collision of Today’s Competing Worldviews (Rev. 2nd ed), David Noebel, Summit Press, 2006. Cortesía de John Stonestreet, David Noebel, y del Christian Worldview Ministry en Summit Ministries. Todos los derechos reservados en el original. 1 V.I. Lenin, Obras Escogidas, 45 vols. (Moscú, U.R.S.S.: Progress Publishers, 1982), 31:291. 2 Carlos Marx y Frederick Engels, Obras Escogidas, 40 vols. (Nueva York, NY: International Publishers, 1977), 6:503. 3 Lenin, Obras Escogidas, 31:291. 4 Sleeper, A Lexicon of Marxist-Leninist Semantics, 175. 5 Marx y Engels, Obras Escogidas, 6:519. 6 Nikita Khrushchev, Boletín Ucraniano (1 de agosto al 15 de agosto de 1960): 12, citado en Bales, El Comunismo y la Realidad de la Ley Moral, 121. 7 Lenin, Obras Escogidas, 28:72. 8 Joseph Stalin, Obras de J. Stalin (Moscú, URSS: Foreign Languages Publishing House, 1953), 6:118 9 Conquest, The Harvest of Sorrow, 117. 10 Ibid., 129. 11 Ibid., 60. ¿